De vuelta
Pues eso, que ya hemos vuelto de Praga. El viaje ha sido estupendo. Praga es preciosa y, en general, Chequia entera también lo es.
Praga es como un monumento gigantesco: las calles, los puentes, los propios monumentos, la música, la gente, los bares… todo tiene un ambientillo pintoresco, muy acogedor.
Hemos estado allí algo más de una semana y apenas nos ha dado tiempo a visitar lo más pintoresco: El puente de Carlos IV, el castillo de Praga, Malastrana, Josefov (barrio judio), el Cementerio Judio, la Plaza de Wenceslao y alrededores (zona centro), Stare Mesto, Nove Mesto, etc. También hemos hecho un par de visias a otros pueblos de la República Checa como Cesky Krumlov (la Pequeña Praga) y Karlovy Vary (Ciudad Balneario).
La diferencia de precios con respecto a España quizá no es tanta como hace una década, pero en el mismo centro te puedes pagar una cena chula en un sitio molón por unos 6 Euros. Eso sí, la cerveza está muy barata aunque a mi, por mucha fama que tenga la pivo (cerveza en checo), me supo igual que la de aquí.
Imperdonable ir a Praga y no ir a ver Teatro Negro (curioso), Ópera (baratísima) o alguno de las decenas de conciertos de música clásica que se celebran en muchas de las iglesias de la ciudad casi a diario.
El transporte público es una pasada: muy puntual, cubre la ciudad y no es del todo caro. El hotel donde nos alojamos también estaba muy bien, la habitación nuevecita, con un aseo muy guapo y a 5 minutos del centro en tranvía. El desayuno era a base de panes raros, salchichas, quesito, fruta y ¡¡ PAN CON NUTELLA !! (ñam,ñam,ñam,ñam…)
Mención aparte merecen las mujeres checas: preciosidades de facciones finas y aspecto delicado.
La única nota negativa se la llevan los encargados de los monumentos en el barrio Judio. Son unos usurereos.
Pero en general todo ha estado muy muy bien y nos lo hemos pasado en grande. El último día nos dio bastante pena tener que volvernos. Algún día volveremos


