Íbamos a pasar el rato, para que no nos lo contaran y porque, al fin y al cabo, eran las canciones de Mecano, pero lo que allí encontramos superó con creces nuestras expectativas. Nada más entrar y, como de costumbre, un vistazo al escenario bastó para concluir: “es un poco cutre, ¿no?” Pero como perros viejos que vamos siendo supusimos que allí había gato encerrado.
No se hizo mucho de rogar. A la hora indicada las luces se apagaron y la gente empezó a gritar. Unos segundos más tarde sonaban unos acordes extraños que acabarían convirtiéndose en los de Hoy no me puedo levantar y con los que la gente entraría en un estado de excitación que no acabaría hasta dos horas más tarde. De la parte trasera del escenario aparece una especie de ovni suspendido de unas cadenas, cargado de luces y pantallas y en el cual viene montada Ana Torroja. A la vez, en la parte frontal del escenario se iluminan tres pantallas de leds gigantes donde se irán proyectando unos visuales que llegan a ser impresionantes en el tema La fuerza del destino durante el estribillo del cual se proyecta una escena subjetiva acelerada de un coche recorriendo la ciudad.

El repertorio fue de lo más selecto sin dejar fuera ninguna de las entrañables y eso, hablando de Mecano, es mucho decir. Ana estuvo muy a la altura del reto, con una voz enorme, gracia innata y un cuerpecillo escultural con el que ejecutaba con precisión y en perfecta sincronía con sus coristas Sandra Borrego y Judith Belmonte la cuidada coreografía del espectáculo.

En cuanto a las nuevas versiones de las canciones, poco que decir. La gran mayoría de los temas no tenían más variaciones que las propias de la adaptación de un tema de estudio para ser interpretado en directo con algo más de fuerza. Si acaso mencionar dos versiones, la de Mujer contra mujer con un estilo jazzístico que no me moló un pelo al romper la armonía y el tempo originales y la de Maquillaje, interpretada estilo cabaret años veinte y que me pareció una jodida genialidad, más que por la canción, por la puesta en escena, con una coreografía seguida por todos los músicos de a pie.

Como todo lo bueno, el concierto tenía que acabar, pero no sin antes ponernos todos a gritar y silbar para arrancar de Ana Torroja algún obsequio. Y así fue que, después de haberse despedido, salieron todos de nuevo a hacer un primer bis en el que tocaron Me cuesta tanto olvidarte, Duele el amor (Alex Sintek) y Maquillaje. Tras volver a hacer el paripé, ofrecieron un segundo bis en el que interpretaron Barco a Venus y con el que la Plaza de Toros de Alicante casi se viene abajo.

Los incondicionales que se agolpaban en las vallas pegadas al escenario llevaban algunas pancartas pidiendo a Ana algunas canciones y ésta, ni corta ni perezosa, se lanzó a cantarlas a capela ya que el grupo no las llevaba preparadas en el repertorio. Eso no lo hace cualquiera. Gracias Ana.