Salam Alaikum
Esta semana pasada he estado en Marrakech. Ha sido con la excusa de la convención anual que celebra la empresa para la que trabajo y en la que nos cuentan qué tal ha ido el ejercicio en cuanto a cifras y esas cosas. Este año el rollete se ha reducido a una mañana, quedando el resto del tiempo para hacer actividades lúdicas y conocer la ciudad y sus alrededores.

El jefe preparando su exposición
Como es habitual en estas reuniones, todo ha sido de un exquisito sin igual, empezando por el avión que nos llevó hasta allí, fletado exclusivamente para nosotros, pasando por el hotel, las actividades, los guías, los sitios donde comimos, etc.
Una vez en Marrakech, resultaba visita obligada la que recorre el Zoco y acaba en la plaza Jâamal el Fna. Zoco significa mercado y es así que se refiere a un conjunto de calles curvas y angostas en las que se disponen centenares de talleres y tiendas organizadas en gremios y en las que, por unos cuantos dirham y no sin antes haber regateado con el vendedor, podemos adquirir diversos artículos desde prendas de piel hasta forja, pasando por la artesanía típica de la zona.

Una de las cientos de calles que conforman el Zoco.

Plaza Jaama El Fna.
El primer día cenamos en un sitio llamado Chez Ali, lugar de fama internacional donde se disfruta de la comida típica de la zona y de un espectáculo pintoresco. Nada más llegar te recibe un pasillo de jinetes a lomos de sus caballos y armados con unos enormes trabucos. Las instalaciones parecen sacadas de un cuento de las mil y una noches. Las mesas de los comensales se encuentran dentro de unas lujosas jaimas bereberes. Allí pudimos degustar un consomé bien cargadito típico de la época de ayuno, corderito a la leña y el famoso cus-cus. Al acabar la cena comienza un espectáculo en la plaza donde se van sucediendo acróbatas, jinetes y desfiles.

3 jóvenes nos deleitaron la noche siguiente con la danza del vientre.
Al día siguiente hicimos una ruta 4x4 que nos llevó por varios poblados de la zona y que ascendía a uno de los primeros picos del Atlas para, después de haber hecho la parada de turno para echar unas fotos y comprar algún fósil o geoda a los lugareños que por allí se encuentran y que se acercan a ofrecértelos por unos precios ridículos, descender por la otra cara de la montaña hasta un oasis situado en medio de la nada donde nos ofrecieron una suculenta barbacoa acompañada con ensaladas y pizzas bereberes (en realidad eran pizzas de verdura y quiche de cebolla).

Al pasar por los poblados los niños se acercaban a pedir chucherías.

La visión del Atlas desde allí arriba era imponente.

Convoy llegando al oasis .
Como siempre son muchas las cosas que me dejo en el tintero, pero serían demasiadas… tantas que aburrirían, así que mejor lo aderezo con unas cuantas fotos y lo posteamos, que ya va siendo hora.

Este es el hotel donde nos alojamos.


