Jorge Drexler en la “uni” de Alicante
Anoche fui a ver el concierto que Jorge Drexler daba en el Paraninfo de la Universidad de Alicante. Nos venía a presentar su décimo CD, octavo en España por eso de la diferencia horaria y la conversión al euro, “12 segundos de oscuridad”, grabado a finales de 2006.
El uruguayo venía bien acompañado por Vicente “Freddie Krueger” Huma a la guitarra eléctrica (tío… no te pongas más esa camiseta y el bombín déjaselo a Sabina: luce con orgullo tu calva), Borja Barrueta a la batería, Diego Galaz al violín, Miguel Rodrigañez al contrabajo y Nacho Benedetti a las programaciones (audio y vídeo).
Resulta muy interesante la apuesta que hace Jorge Drexler por las programaciones, haciéndolas partícipes del espectáculo cuando lo común es relegar estas funciones a un “mesa” (técnicos de sonido que se encuentran al final de la sala, detrás de unas grandes mesas de mezcla y con un par de ordenadores con los que controlan las luces y los samples). Drexler opta por introducir un nuevo músico en escena, que se encarga de ir “disparando” los efectos visuales que se muestran en las pantallas y los efectos de sonido sampleados, etc. Pero pasa como con los efectos especiales de las películas, que molan cuanto más espectaculares son y MENOS SE NOTAN. En esto parece no estar de acuerdo el oscarizado Drexler que, canción tras canción, centra la atención en unas bases rítmicas pre programadas, efectos de sonido estridentes, ecos sin fin en los que samplea grititos de maricona loca (con todos mis respetos), sonidos ambiente que llegan a “tapar” los matices de otros instrumentos, etc. pero esto solo sucedió en puntos muy concretos del concierto.
En cuanto al concierto en si, no me acabó de convencer. Primeramente por la manía que tiene este hombre de cambiar el tempo de las letras, llámame tiquismiquis, pero es como ir al Prado a ver “Las Meninas” y verlas vestidas de payaso: es parecido pero no es lo mismo. Otra de las cosas que no me convencieron fueron las versiones de algunos temas como “El pianista del gueto de Varsovia”: ¡Joder, tío! ¡La canción está de puta madre! ¿por qué coño la jodes en todos los conciertos? Solo la he escuchado bien en el concierto que hizo en Elche hace un par de años en el que, con la ayuda de una distorsión de guitarra desgarradora, hacía un estribillo que te ponía carne de gallina. El caso es que al final de la versión se veían buenas intenciones, con unos arpegios de contrabajo chulísimos, pero que necesitaban de algo más de música y algo menos de ruido y electrónica, y que conste que soy el mayor defensor de la electrónica en la música, pero hay momentos y formas.
Tema aparte las clases de música que se empeñó en dar al público como parte de su speech “humorístico”. A mí no me hizo gracia, llegando a sonar incluso pedante. Hubo gente a la que sí le hizo gracia. Puede que ya me pillase con el morro torcido y lo interpretase como no era, así que este apartado no puntúa en el examen. En cualquier caso he escuchado en otros conciertos suyos intermedios más frescos, más graciosos, hechos de mejor gana y, en definitiva, más trabajados. Pero bueno, para eso está el Club de la Comedia.
El repertorio fue adecuado, repasando los temas más llamativos del último disco sin dejar de dar un paseo por los temas más sobresalientes de los CDs anteriores como la ya mentada “El pianista del gueto de Varsovia”, “Eco”, “Se va, se va, se fue”, “Guitarra y vos” (la cual detuvo a media canción porque erró la letra), “Milonga del moro Judío”, “Todo se transforma”, “Don de fluir”, etc. También interpretó a la guitarra la versión de “High and Dry” de Radiohead incluida en su último disco y una versión de “Dance me to the end of love” de Leonard Cohen.
En fin, que ya se me ha pasado el cabreo y realmente no era para tanto: fue un buen concierto que no estuvo a la altura de las expectativas. Culpa mía, sin duda, por esperar algún tipo de progresión exponencial de un artista que viene repitiendo lo mismo disco tras disco, que no es que esté mal, pero es siempre lo mismo.
NOTA: esta vez no hay fotos porque la organización (entiendo que a petición del artista) requisó las cámaras de fotos a la entrada: qué exquisito se ha vuelto este hombre desde que tiene un Oscar. Esperemos que sea una moda pasajera y no se convierta en una costumbre.


