El poder del SPAM

24/03/2007

Acabo de recibir de una amiga este correo reenviado:

INVERTIR SU NUMERO DE PIN PUEDE SALVARLE (INFORMACION IMPORTANTE)

Si usted está siendo forzado/a por un ladrón para retirar su dinero de un cajero automático, usted puede notificar a la policía marcando su PIN al revés. Por ejemplo si su número de PIN es 1234 márquelo al revés: 4321. El cajero reconoce que su número de PIN está marcado al revés del que corresponde a la tarjeta que usted puso en la máquina. La máquina aún le dará el dinero por usted solicitado pero, oculto para el ladrón, la policía será avisada y saldrá para ayudarle inmediatamente. Esta información se transmitió recientemente por la TELEVISIÓN y declararon en el programa televisivo que raramente se usa porque las personas no saben que existe. Por favor pase esto a todos tus contactos.

Además de ser un texto pésimamente redactado y/o traducido, el contenido es ABSOLUTAMENTE FALSO. Un cajero, o mejor dicho, la aplicación que lo hace funcionar, trabaja con lo que se viene llamando “encrypted PIN block” que es un bloque de datos formado a partir del PIN y el PAN de la tarjeta (ISO-0) y cifrado con encripación DES o 3DES, lo que hace que la aplicación no conozca cuál es el número PIN tecleado, ni mucho menos su inverso.

Por otra parte, la policía tendría otras cosas más importantes que hacer que ir corriendo al cajero cada vez que a un niñato que ha leído el correo de marras se le ocurriese teclear el PIN al revés para probar.

Pero si habéis recibido el correo y os lo habéis llegado a creer no os sintáis idiotas: se ha dado el caso de un jefe responsable directo del departamento de cajeros de una entidad bancaria que llamó al laboratorio de desarrollo para saber si lo que se decía en ese correo era cierto, viendo el aluvión de llamadas que recibía de oficinas preguntando por la veracidad del dichoso correo :D

Cada vez que un correo de este tipo logra cierto eco (como el de “No te instales Windows Vista porque es el demonio”) no puedo evitar que me venga a la cabeza el caso de “Sorpresa, sorpresa…”