El segundo día, ya familiarizados con el hotel y la variada carta de cócteles, concretamos los lugares que visitaríamos en este viaje. Como el vuelo había sido largo y agotador decidimos reservar los primeros días para el playeo, descanso y vicios en general. A partir del tercero comenzaríamos las rutas turísticas:
Tulum
Tulum es una tardía ciudad maya denominada originalmente Zama y que ahora adopta el nombre de la muralla que la rodea. En su día fue centro de culto al Dios Descendente que aún seguía habitado a la llegada de los Españoles a la zona, si bien su época de máximo auge había sido el período 1.200-1.450. El lugar tiene un encanto inigualable y es el de estar situado a orillas del Caribe: el templo y resto de estructuras se entremezclan con calas, palmeras, iguanas y un sinfín de delicias para los sentidos.
El estado de conservación de las ruinas es adecuado distinguiéndose todavía numerosas inscripciones y grabados como la figura Ixchel (Diosa Venus, Diosa de la fertilid, no confundir con Itzel, Lucero de la mañana) y de Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada.
Xel-Ha
Los mayas bautizaron Xel-Há (mezcla de aguas) a este precioso parque natural donde, en efecto, se mezclan las dulces aguas de los ríos subterráneos que recorren Yucatán con los brazos de agua salada que se internan desde el mar Caribe. Con la ayuda de una guagua se remontan alrededor de dos kilómetros tierra adentro para llegar al punto donde un río subterráneo emerge de las profundidades del terreno kárstico. Allí nos equipamos con equipo de buceo para descender por el río hasta su misma desembocadura en el mar. El recorrido es maravilloso, discurriendo por entre saltos de agua, cenotes, cuevas flora y fauna de todos los colores y tamaños.
A la llegada a la desembocadura nos esperan unas hamacas y diversos restaurantes donde degustar la deliciosa y picante comida mexicana y hasta donde se deslizaban las iguanas en busca de algo que echarse a la panza.
Cobá
Ciudad maya cuyos orígenes datan del 600 d.C. y cuyo mayor atractivo es la pirámide de Nohoch Mul de unos aproximadamente 50 metros de altura para acceder a la cima de la cual es necesario sortear unos 192 escalones. Una cosa nos habían contado en el autobús durante el trayecto hasta Cobá y es que la península de Yucatán es completamente llana, sin valles o elevaciones, y es algo que pudimos comprobar desde lo alto del templo de Nohoch Mul desde donde se divisaba un paisaje sin fin de selva en cualquier dirección que se mirase.
Panorámica desde lo alto del templo Nohoch Mul (pincha y arrastra).
Esta visita estuvo muy divertida, porque la realizamos en bicicleta y si subir a la pirámide resultaba costoso por el calor, la humedad y el esfuerzo, la bajada implicaba cierto nivel de riesgo de caída, por lo que mucho optaban por bajar arrastrando el culo.
Cenote
Los cenotes son dolinas (pozos) que se crean al colapsarse parte del terreno calizo bajo el que discurre una corriente de agua. Los hay al aire libre, semiabiertos y subterráneos. Nosotros, después de sortear un par de tirolinas de tirada considerable y un corto y ameno paseo en canoa, fuimos a un cenote semiabierto, de aguas frescas y al que se accedía mediante un salto de aproximadamente 12 metros. Una vez en el interior se podía penetrar en una cueva donde la falta de luz impedía seguir entrando sin el material adecuado. La experiencia de estar en uno de estos sitios es indescriptible que hay que vivir para saber lo que es.
Como complemento a esta visita nos llevaron a una aldea maya, donde las construcciones y costumbres se conservan como antaño y donde nos prepararon una típica comida maya. Al terminar la comida nos enseñaron algunas casas de la aldea así como la capilla, todas ellas construidas con cañizo y conteniendo lo mínimo indispensable para poder vivir, que es muchísimo menos de lo que cualquiera nos podríamos imaginar: unas hamacas donde, según los guías, nacían, vivían y morían los mayas, y unos pocos utensilios para el día a día. La sensación era la de estar violando la intimidad de aquellas pobres personas, si bien nos explicaron que la subsistencia de aquellas personas y de aquella forma de vida ya solo era posible gracias al turismo debido a la presión de los nuevos tiempos.
Chichén Itzá
Se trata de un asentamiento maya postclásico, centro político de la península del Yucatán, donde además de la simbología maya habitual de la zona comienzan a aparecer influencias toltecas. Los principales atractivos de esta ciudad son el templo de Kukulcan, situado en el centro de la Gran Explanada, el Templo de los Guerreros, el Templo de las Mil Columnas, el Juego de Pelota y el Cenote Sagrado. En este último los mayas realizaban sacrificios humanos a los dioses además de ofrendas de cerámica y piedras preciosas. En 1900, Edward Thompson compró (sí, sí… increíble) al gobierno Mexicano la ciudad de Chichén Itzá y recuperó del fondo de este cenote alrededor de 70 cadáveres provenientes de sacrificios así como joyas y piedras preciosas.
Desde el 07/07/2007 Chichén Itzá es una de las 7 maravillas del mundo no oficiales (iniciativa no apoyada por la UNESCO). Algo que me llamó mucho la atención fue la acústica del lugar que generaba efectos de eco y reverberación complicados de conseguir aún con la aplicación de los avanzados conocimientos en física de hoy en día. Sin duda la civilización maya poseía un extenso acervo de sabiduría reflejado en detalles como éste o en su sistema de numeración y sus calendarios.
El resto del viaje lo dedicamos a perrear en la playa y la piscina del hotel, disfrutar de los diferentes restaurantes temáticos y de las máquinas de nachos con queso y palomitas que estaban a punto 24h/7d, compritas, paseos por Playa del Carmen y esas cosas de guiris.
¡Vaya! Otro mes sin actualizar, pero bueno: “el gato es mío y me lo follo cuando quiero”
El primer motivo de esta larga ausencia han sido unas más que merecidas vacaciones en las que he aprovechado para cruzar el charco y visitar la Riviera Maya. El segundo motivo es que a la vuelta de vacaciones me esperaban una serie de marrones que me han quitado algo de tiempo y, el tercero y más importante de todos: que me estoy volviendo muy vago. Como los motivos 2 y 3 no son ni nuevos ni de interés, dedicaré este post a mis vacaciones.
Para empezar comentar que la Riviera Maya está en la provincia de Quintana Roo, península de Yucatán, al este de México, relativamente cerca de Cuba y que para llegar hasta allí desde España hay que invertir nada menos que 10h 30m de vuelo lo cual es muy pesado y mucho más pesado aún si se tiene en cuenta el viaje Alicante-Madrid y las esperas de 2 y 6 horas en cada uno de los aeropuertos. Pero como todo, si se hace con gusto e ilusión es llevadero.
La llegada al aeropuerto de Cancún, al igual que el vuelo en general, fue tranquila. Se trata de un aeropuerto pequeño y lo primero que llama la atención es que está rodeado de selva. De allí nos llevaron al hotel que estaba en las inmediaciones de Playa del Carmen, a aproximadamente 1h 30m al sur de Cancún. En el Riu Playacar nos reciben con el primero de la que será una serie no finita de cócteles y nos dan las llaves de la habitación. Gracias a la diferencia horaria todavía tenemos toda la tarde por delante y parece que eso del jet-lag es una leyenda urbana.
Lo primero que hicimos fue ver las habitaciones: espaciosas, sin grandes lujos pero muy cómodas. Además de minibar, cada habitación contaba con dispensadores de tequila, ron y otras bebidas espirituosas. Ya empezábamos a ver de qué iba aquello.
Tras ver las habitaciones nos dispusimos a inspeccionar las instalaciones del hotel y localizar los diferentes restaurantes donde horas después cenaríamos (lo que según el horario español sería un desayuno en toda regla).
Esta semana pasada he estado en Marrakech. Ha sido con la excusa de la convención anual que celebra la empresa para la que trabajo y en la que nos cuentan qué tal ha ido el ejercicio en cuanto a cifras y esas cosas. Este año el rollete se ha reducido a una mañana, quedando el resto del tiempo para hacer actividades lúdicas y conocer la ciudad y sus alrededores.
El jefe preparando su exposición
Como es habitual en estas reuniones, todo ha sido de un exquisito sin igual, empezando por el avión que nos llevó hasta allí, fletado exclusivamente para nosotros, pasando por el hotel, las actividades, los guías, los sitios donde comimos, etc.
Una vez en Marrakech, resultaba visita obligada la que recorre el Zoco y acaba en la plaza Jâamal el Fna. Zoco significa mercado y es así que se refiere a un conjunto de calles curvas y angostas en las que se disponen centenares de talleres y tiendas organizadas en gremios y en las que, por unos cuantos dirham y no sin antes haber regateado con el vendedor, podemos adquirir diversos artículos desde prendas de piel hasta forja, pasando por la artesanía típica de la zona.
Una de las cientos de calles que conforman el Zoco.
Plaza Jaama El Fna.
El primer día cenamos en un sitio llamado Chez Ali, lugar de fama internacional donde se disfruta de la comida típica de la zona y de un espectáculo pintoresco. Nada más llegar te recibe un pasillo de jinetes a lomos de sus caballos y armados con unos enormes trabucos. Las instalaciones parecen sacadas de un cuento de las mil y una noches. Las mesas de los comensales se encuentran dentro de unas lujosas jaimas bereberes. Allí pudimos degustar un consomé bien cargadito típico de la época de ayuno, corderito a la leña y el famoso cus-cus. Al acabar la cena comienza un espectáculo en la plaza donde se van sucediendo acróbatas, jinetes y desfiles.
3 jóvenes nos deleitaron la noche siguiente con la danza del vientre.
Al día siguiente hicimos una ruta 4x4 que nos llevó por varios poblados de la zona y que ascendía a uno de los primeros picos del Atlas para, después de haber hecho la parada de turno para echar unas fotos y comprar algún fósil o geoda a los lugareños que por allí se encuentran y que se acercan a ofrecértelos por unos precios ridículos, descender por la otra cara de la montaña hasta un oasis situado en medio de la nada donde nos ofrecieron una suculenta barbacoa acompañada con ensaladas y pizzas bereberes (en realidad eran pizzas de verdura y quiche de cebolla).
Al pasar por los poblados los niños se acercaban a pedir chucherías.
La visión del Atlas desde allí arriba era imponente.
Convoy llegando al oasis .
Como siempre son muchas las cosas que me dejo en el tintero, pero serían demasiadas… tantas que aburrirían, así que mejor lo aderezo con unas cuantas fotos y lo posteamos, que ya va siendo hora.
Por fin tengo un ratito para postear Estos días estoy yendo de culo en el trabajo por acumulación de tareas. Aunque por un lado agobia un poco, por otro mola porque así la mañana pasa rápida.
Al tema: la semana pasada estuvimos de vacaciones por el sur de Francia, en la zona de la Provenza. Fueron unos días más que agradables. Sin llegar a ser nada espectacular, la zona es muy bonita, los pueblos muy pintorescos y la gente con la que tuvimos contacto muy, muy agradable aunque claro, casi todos eran españoles o descendientes de españoles.
Nos alojamos en casa de una tía de JM que nos trató como a reyes. Rafaela es una señora muy agradable y se desvivió para que estuviésemos agusto en todo momento: es un sol Su casa está a las afueras de Caromb, un pueblecito cercano a Carpentras, otro pueblo algo más grande situado en los alrededores de Avignon (esta ya os debería sonar).
Durante los días que pasamos allí estuvimos visitando los alrededores:
Día 1
Salimos de Alicante a las 06.30 y lo primero con lo que nos encontramos es una espesa niebla como nunca había visto ¡¡¡ y en la puerta de casa, oiga !!! Vamos a pasar prácticamente todo el domingo en carretera. Paramos un par de veces por Castellón y en La Junquera para hacer acopio de fuerzas y para relevarnos en el coche. Llegamos a Caromb por la tarde aunque, con el cambio de hora y por lo avanzado que se encuentra el otoño, la noche se nos ha echado ya encima, así que apenas nos da tiempo a cenar un rico lomo al horno antes de que se nos vayan cayendo los ojos del sueño.
Día 2
Carpentras, donde aprovechamos para pasar por la oficina de turismo para recoger toda la información posible de la zona. Aprovechando también que hace un día perfecto, decidimos subir al Mont Ventoux un pico de unos 1912 metro de altitud desde el que se divisan los Alpes en su totalidad. Después de comer aprovechamos para volver a Carpentras y hacer una visita más exhaustiva. Como muchos de los pueblos de la zona, Carpentras conserva tramos de su muralla medieval y la puerta de entrada la villa.
Día 3
Vaison la Romaine, colonia romana donde excavaciones arqueológicas han sacado a la luz vestigios de lujosas casas galo-romanas y un teatro romano. También pudimos disfrutar de los colores y olores de su mercado callejero, de las notas del órgano de su catedral Notre-Dame de Nazareth y de las preciosas vistas desde la loma donde se enclava su castillo.
Día 4
Avignon: ciudad de papas. De esta ciudad destaca el Castillo de los Papas, habitado por 7 papas consecutivos al trasladarse la sede papal de Roma a Avignon. Otra visita obligada es al famoso Puente de Avignon, del que habla la también famosa cancioncilla y del que solo se conserva la mitad. Desde él se obtiene una vista preciosa de la ciudadela custodiada por el río Ródano.
Día 5
Para este día teníamos pensado un recorrido por varios pueblos situados más al este de Avignon, pero viendo la experiencia del día 3 en el que queríamos ver tres pueblos y acabamos viendo solo uno, decidimos ir solamente a Arles y, si daba tiempo, a Baux de Provence. En Arles nos sorprendió un viento indescriptible que a punto estuvo de tirarnos al río, sobre todo a JM que tuvo que emplear tácticas ninja para mantener los pies en el suelo. En cualquier caso, el viento no nos privó de visitar Las Arenas, el Teatro Romano, el paseo junto al río y, en general, el encanto de las calles y plazas. Tras una comída “de lujo” (menú Big Mac “Deluxe”) hicimos una segunda batida por el pueblo para fotografiar lo que más nos había llamado la atención y partimos rumbo a Baux de Provence. Ésta es una villa enclavada en lo alto de unos riscos, rodeada por una muralla, custodiada por un castillo y con típico ambiente medieval. En las decenas de tiendecillas que se repartían entre sus calles se podía comprar desde jabón de Marsella hasta cotas de malla, pasando por diversos souvenirs típicos de la zona como chicharras de cerámica, especieros con hierbas de provenza o juegos de aceitera y vinagrera con motivos de la provenza, algo más currados que los típicos platitos de recuerdo de Guadalest.
Día 6
Fontaine de Vaucluse: la “leyenda” cuenta que ni el mismísimo Jaques Couteau logró llegar al fondo de esta fuente. Tras llegar al pueblo y aparcar tan solo hay que caminar unos 10 minutos hasta llegar a la fuente. El camino discurre a la vera de un rio y a lo largo de un corte entre dos montañas que lo ensombrecen y propician la aparición de abundante vegetación. Enclavado en el primer salto del río (que los jóvenes aprovechan para practicar piragüismo) se encuentra una noria hidráulica que mueve las mazas de una máquina de hacer papel. Adentrándonos en la fábrica de papel llegamos a una tienda de todo tipo de papiros y papeles a la que sigue una galería comercial con exquisiteces de la zona.
Esa noche la familia de JM vino a casa a cenar y así fue que pudimos conocer a algunos de sus primos y tíos antes de regresar.
Día 7
Último día en casa de Rafaela. Nos tenía preparados unos riquísimos “pain au chocolate” para el camino. Nos despedimos de ella y de Canela (su gata, que a esas alturas ya se había encariñado con nosotros y nosotros con ella) y partimos hacia Carcassonne. Tardamos alrededor de dos horas en llegar, dos horas que ya llevaríamos recorridas al día siguiente de regreso a casa. Carcassone está dividida en dos partes: la antigua ciudadela y la ciudad moderna. Nosotros nos centramos en conocer toda la parte antigua. Se trata de una ciudadela medieval que se encuentra en perfecto estado.
Yo pensaba que la habían mantenido así desde antaño, pero en la visita al castillo pudimos ver como en el siglo XVII y tras la pérdida del peso militar que ostentaba Carcassonne hasta la fecha, la ciudad fue abandonada por las milicias y dedicada al comercio, abandonándose las murallas hasta el punto de servir de canteras y quedar casi derruidas. Ya en el siglo XIX se llevó a cabo una campaña de reconstrucción en la que se restauró tanto la ciudadela como la muralla, dotando a las torres del castillo de sus actuales almenas en las que Walt Disney se inspiró para crear el famoso castillo Disney. Tras un largo día de coche y pateo, decidimos hacer una nueva cena “de lujo” (otro Big Mac “Deluxe”) y a la cama.
Día 8
Salimos a las 07.00 de Carcassonne rumbo Alicante. Primera parada en la Junquera para cutre-desayuno y relevo en el coche. Segunda parada a las afueras de Valencia y a las 17.00 en casa.
Se me quedan muchas cosas en el tintero como las partidas de infarto al parchís, las mozas francesas, la TV francesa, etc. pero eso lo dejo para mis memorias que si no esto se hace muy largo.
Pues eso, que ya hemos vuelto de Praga. El viaje ha sido estupendo. Praga es preciosa y, en general, Chequia entera también lo es.
Praga es como un monumento gigantesco: las calles, los puentes, los propios monumentos, la música, la gente, los bares… todo tiene un ambientillo pintoresco, muy acogedor.
Hemos estado allí algo más de una semana y apenas nos ha dado tiempo a visitar lo más pintoresco: El puente de Carlos IV, el castillo de Praga, Malastrana, Josefov (barrio judio), el Cementerio Judio, la Plaza de Wenceslao y alrededores (zona centro), Stare Mesto, Nove Mesto, etc. También hemos hecho un par de visias a otros pueblos de la República Checa como Cesky Krumlov (la Pequeña Praga) y Karlovy Vary (Ciudad Balneario).
La diferencia de precios con respecto a España quizá no es tanta como hace una década, pero en el mismo centro te puedes pagar una cena chula en un sitio molón por unos 6 Euros. Eso sí, la cerveza está muy barata aunque a mi, por mucha fama que tenga la pivo (cerveza en checo), me supo igual que la de aquí.
Imperdonable ir a Praga y no ir a ver Teatro Negro (curioso), Ópera (baratísima) o alguno de las decenas de conciertos de música clásica que se celebran en muchas de las iglesias de la ciudad casi a diario.
El transporte público es una pasada: muy puntual, cubre la ciudad y no es del todo caro. El hotel donde nos alojamos también estaba muy bien, la habitación nuevecita, con un aseo muy guapo y a 5 minutos del centro en tranvía. El desayuno era a base de panes raros, salchichas, quesito, fruta y ¡¡ PAN CON NUTELLA !! (ñam,ñam,ñam,ñam…)
Mención aparte merecen las mujeres checas: preciosidades de facciones finas y aspecto delicado.
La única nota negativa se la llevan los encargados de los monumentos en el barrio Judio. Son unos usurereos.
Pero en general todo ha estado muy muy bien y nos lo hemos pasado en grande. El último día nos dio bastante pena tener que volvernos. Algún día volveremos